Provisión

Desafíos en el campo misionero: cómo crecer en medio de lo inesperado

Luego me di cuenta que los Saharauis amaban el desierto y que se desenvolvían con mayor soltura estando allá que en la ciudad así que diseñamos un proyecto de agricultura sostenible en el Sahara, lo que nos permitía acercar la relación con ellos.

Dinámico e impredecible: así es el campo misionero. No existe forma de estar completamente preparado para todo lo que puede pasar. Esto puede parecer un obstáculo, pero en realidad es una enorme oportunidad para crecer.

Después de un buen tiempo de preparación, llegamos al campo con grandes expectativas. Queríamos aprender rápidamente el idioma para compartir con la gente y hablar de Jesús. Nos esforzamos mucho, pero no logramos dedicarle todo el tiempo que queríamos, porque tuvimos que enfocarnos en tramitar el visado. En ese momento, nadie de nuestra organización había conseguido uno.

Pasamos horas en oficinas y juzgados. Intentamos abrir una empresa para obtener los visados: leímos documentos, hicimos traducciones y hablamos con personas que lo habían intentado antes. Cada vez que pensábamos que todo estaba listo, aparecía un nuevo problema. Siempre faltaba un papel.

Finalmente, logramos constituir la empresa, obtuvimos los visados y avanzamos con el proyecto de construir un centro de terapia.

Sin embargo, problemas administrativos nos impidieron continuar con la construcción. Entonces empezamos a hacer clases de español para niños y buscamos otras formas de apoyar al centro. También participamos en reparaciones del lugar, que es mi área profesional. Aun así, nada funcionaba igual: los sistemas eléctricos, las tuberías y los materiales de gasfitería eran completamente distintos.

Con el tiempo, entendí que los Saharauis  amaban el desierto y se desenvolvían mejor allí que en la ciudad. Por eso diseñamos un proyecto de agricultura sostenible en el Sahara, lo que nos permitió acercarnos más a ellos.

Más adelante asumí el liderazgo del equipo misionero en la ciudad. Ya había liderado equipos antes, pero nunca uno multicultural ni en un contexto musulmán.

Estos son solo algunos ejemplos de los imprevistos que enfrentamos. En nuestras conversaciones con otros misioneros, hablábamos constantemente de cómo las cosas no salían como esperábamos y de todo lo que aprendíamos en el proceso.

Cada dificultad trae consigo una oportunidad. Por eso, el aprendizaje constante se vuelve esencial en la vida misionera. No se trata solo de tomar cursos o recibir formación formal, sino de mantener una actitud abierta, aprender de cada situación y estar siempre dispuesto a adaptarse.

Pablo Bo, Obrero para los Musulmanes

6 y 7 Noviembre: Días de Generosidad

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